El branding como forma de cultura en la empresa, en el día a día, conlleva muchos conceptos, algunos de viejas prácticas, malas prácticas y otros resignificados podrían darnos muchos beneficios.
Aquellos viejos intentos en los que se agrega la misión, visión y objetivos de las empresas, pocas veces claros, muchas veces copiados a mansalva, jamás nadie se los sabe en la corporación parecían más bien un requisito a solventar por parte de aquellos que otorgan créditos a pymes y que se los pedían a la fuerza y es que a la hora de redactar cualquiera podía volverse loco, ya que la mente se les queda en blanco y no saben por donde comenzar, ahora con ChatGPT pueda ser más sencillo que se redacten esos requisitos “corporativos” solo por tener algo de narrativa en el sitio web o colgarlo en cuadrito de diseño en las paredes frías de cemento gris en oficinas lights deslactosadas.
Pero aquí comienza el verdadero problema. Un día requieren hacer un rebranding de la empresa en cuestión y todo comienza como en terapia grupal, hasta Focus Group incluido, derivando cada palabra para saber con certeza si lo que estamos diciendo forma parte del branding de la empresa.
En México hasta el “ponte la camiseta” forma parte del branding malévolo de explotación laboral, empresas van y vienen con pseudo frases del CEO que aviva “los ánimos” de aquellos empleados que tienen que aplaudir a la fuerza con una mueca en la cara, ya que no saben si lo que están diciendo forma parte de un culto al que no desean ser bautizados.
No confundir las ideas metafísicas del líder como la filosofía del branding corporativo, es imperativo que estas ideas se vayan torciendo para darle integración a conceptos como: Responsabilidad, equidad, igualdad, ética, legalidad, respeto, integración, actualización, si pasamos por este rasero todo lo que pensamos sobre nuestra compañía seguramente dejaremos de lado palabras como: justicia, culpa, échale ganas, ponte la camiseta, el pobre es pobre porque quiere, etc. y pasaremos a un capítulo donde la transformación vertical pueda convertirse en toda clase de áreas de oportunidad para trabajar con posibilidades de competir contra las corporaciones más grandes.
El branding como cultura de la organización tiene la facultad de direccionar la mente de sus integrantes, pero la pregunta crucial es: ¿Las ideas de nuestra marca nos orientan a dónde queremos llegar? Eso tiene mucha tela de donde cortar.
De nada sirve el mejor programa de identidad visual magistralmente ejecutado por un despacho de diseño multipremiado si al bajarlo a la práctica y sumergirse en la cultura empresarial acaba siendo una porquería dañando el ánimo de todos los que interactúan y que tarde o temprano cobra la factura en el exterior, por ende en las ventas y la reputación de la marca.
Buen branding + buenas prácticas = Buena reputación que genera mejores dividendos para todos sus integrantes.
